RCC - Parroquia San Martin de Tours

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R. Carismática
RENOVACION CARISMATICA CATOLICA


1.- Introducción
2.- Así comenzó

3.- Una reunión de oración

4.- Seminario de iniciación

5.- Retiro de Efusión

6.- Renovación y compromiso

7.- Espiritualidad de la Renovación

8.- La Renovación en la Iglesia actual



1.- INTRODUCCIÓN


Un día del mes de diciembre de 1976 viajaba en tren de Ávila a Madrid. A mi lado se colocó una chica joven. Era sevillana, y se comunicaba con facilidad y soltura.


Yo le dije que era sacerdote dominico y que estaba de profesor en el convento de los Dominicos de Alcobendas. Pronto se me hizo claro que a ella le interesaba el tema religioso. ¿Quién no ha visto alguna película en la que un pastor conjura como un energúmeno al demonio y le conmina a salir del poseso? Siempre he creído que la acción del Espíritu está revestida de una gran sobriedad, equilibrio y armonía. La sospecha de ser una secta, un gueto, un grupo segregado y, por lo tanto, peligroso, actuaba poderosamente en mi inconsciente.


Yo sabía que estos grupos procedían de Norteamérica.


Algo hay en el inconsciente que me ponía en guardia ante el talante protestante. Ni siquiera el haber estado varios años conviviendo con protestantes había mitigado este rechazo, que estaba ahí. Además el ecumenismo es una teoría incipiente al no haber llegado aún al pueblo todo. Yo sabía que estos grupos estaban emparentados con el protestantismo pentecostal, dos nombres que encrespaban los nervios de mi espíritu. Por otra parte, yo no sentía necesidad alguna de cambiar mi vida. Creo que era un fraile normal. Era una fe muerta, pero sagrada. Un poco más adelante en el mismo Evangelio, Jesús tuvo que desenmascarar las seguridades religiosas de otro grupo de judíos que, apoyados en su tradición, rechazaban la posibilidad de una conversión o cambio en sus vidas: "No fue Moisés, les dice Jesús, quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo" (Jn.


Jesucristo, y menos crucificado, no atrae los intereses humanos de nadie. Esta puede ser socialmente una conducta correcta y digna de alabanza, en lo que cabe, porque crea según ese orden personas íntegras y legales, sólo que se puede vivir así año tras año, sin tener nada que ver con Jesucristo.


Sin embargo, todo es gracia. Yo nunca hubiera salido de aquí si no hubiera sido por una gracia especial de Dios. El único mérito, si lo hay, es tener el corazón abierto y sencillo, que también es gracia.

Era miércoles. A las 7. 30 de la tarde daba comienzo la oración en el grupo Maranatha de Madrid. Calculo que habría en aquella sala unas 150 personas. Maravillas no asistió, ni la he vuelto a ver jamás en mi vida. Y nunca, a no ser por fuerza mayor, he dejado pasar un miércoles sin ir a la oración.


Hace unos meses viajé con varias personas a dar un retiro a los grupos vascos que se reunían en Loyola. Fui durante un rato protestando porque no había en la Renovación española un libro que fuera apto para que las personas nuevas se enteraran un poco de qué se trata la Renovación, y de cuáles son sus contenidos de mayor garra y novedad.


Y en esto estoy. De esta forma puedo utilizar un lenguaje fácil y sencillo que me salga del corazón.


2.- ASÍ COMENZÓ


El día 9 de Marzo de 1897 el Papa León XIII sorprendió al mundo con la publicación de la encíclica "Divinum illud munus", verdadera y auténtica "suma teológica" sobre el Espíritu Santo. Además hizo obligatoria para toda la Iglesia la novena al Espíritu Santo como preparación anual a la fiesta de Pentecostés.


Sin embargo, nadie recuerda a este Papa como el Papa del Espíritu Santo, sino como el Papa de la "Rerum novarum", otra encíclica suya en la que expresa las preocupaciones de la Iglesia por las cuestiones sociales, dando inicio de esta forma a la doctrina social de la Iglesia. En esta tarea se empeñan, impulsadas por el Espíritu, no sólo la Iglesia Católica, sino también las grandes confesiones protestantes.


Pero el Señor no quiere que su Iglesia se polarice demasiado en una línea, pues la haría estrecha y determinista. Es la Iglesia Metodista. Sus promotores, en especial John Wesley, un hombre de entraña mística y de una predicación muy imaginativa y cercana al pueblo, conservaron siempre un gran respeto por la Iglesia madre Anglicana. Los fieles metodistas se extendieron por varios países del mundo anglosajón, aunque nunca llegaron a ser muy numerosos.


Sucedió en la noche de fin de año de 1900. Un grupo de estudiantes celebraban una asamblea de oración en Topeka, Kansas. La presidía el joven pastor metodista Charles F. Parham. Le pedían al Espíritu Santo que les enviara los mismos dones que había otorgado a los apóstoles en el cenáculo. Rogó al pastor que le impusiera las manos e invocara sobre ella la efusión del Espíritu Santo, como se hacía en tiempo de los apóstoles. De todas partes acudía la gente para recibir lo que se llamó "el bautismo en el Espíritu" y "el don de lenguas". En 1906 ya era un auténtico fenómeno religioso muy extendido. Las iglesias protestantes, sin embargo, no supieron acoger esta movida religiosa que parecía convulsionar sus cimientos. Los líderes del movimiento son casi todos negros". Excomulgados por sus iglesias y, aun en contra de su voluntad, los primeros carismáticos no tuvieron más remedio que integrarse en una iglesia nueva que se llamó la Iglesia Pentecostal. Hubo entre ellos y con las demás iglesias nuevas divisiones y enconadas luchas y disputas teológicas. Cayeron en un gran desprestigio. Durante cincuenta años se sumieron en una semioscuridad y dejaron, por tanto, de ser un peligro digno de ser tomado en cuenta. Todo el mundo creía que el ciclo pentecostal había llegado a su fin. Para los primeros pentecostales, siempre hubo dos cosas innegociables: el bautismo en el Espíritu y el don de lenguas. En efecto, para la mayoría de los protestantes, incluidos los pentecostales, el bautismo cristiano tiene como dos momentos: el bautismo de agua, que produce la regeneración y el bautismo del Espíritu, que otorga la plenitud del Espíritu Santo. Lo que sucede es que en las iglesias tradicionales estos dos momentos se fundían en un solo acto y, de esta forma, era bautizada la gente sin que se urgieran más estos temas. Pero al sobrevenir la experiencia carismática, en la iglesia Pentecostal se diversificaron estos actos. El rechazo hacia la Iglesia Católica era visceral. Estas cosas, aunque sean personales, no sujetas a magisterio, son siempre objetivas. Frases, como por ejemplo: "el Señor me ha dicho", no podían ser asumidas.


ACOGIDA EN LAS IGLESIAS PROTESTANTES


Debido a estas y otras muchas contradicciones la semilla pentecostal pareció, en cierto momento, que podía desaparecer. Al contrario. Y ahora no era ya momento de excomuniones, sino que las iglesias no pudieron eludir el hacer un nuevo discernimiento.


Pero ya habían cambiado muchas cosas en esas iglesias; el mundo también era otro.

Aún más: bastantes pastores participaban en grupos de oración y habían experimentado igualmente un cambio profundo en sus vidas.


Desde este momento se empieza a descubrir la parte positiva de toda esta movida espiritual.

Fieles de todas las confesiones participan juntos en grupos de oración: ¿No será que el Espíritu Santo quiere construir la unidad desde las bases, desde el pueblo?


EN LA IGLESIA CATÓLICA


Dados estos antecedentes, no es de admirar que este movimiento espiritual apareciera inevitablemente en la Iglesia Católica. Siempre había existido una profunda hostilidad hacia el Catolicismo por parte de las Iglesias Pentecostales, el cual, según ellas, era la suma y compendio del formalismo y organización aniquiladores del Espíritu.

Nadie, pues, imaginaba la rápida aceptación con que fue acogida la espiritualidad pentecostal en la Iglesia Católica. Observadores pentecostales han comentado sorprendidos la facilidad con que los católicos han aceptado el "bautismo en el Espíritu". La jerarquía católica se ha mostrado más abierta y favorable al movimiento que la de las demás iglesias.

Pero también en la Iglesia Católica habían cambiado muchas cosas. Ya no hay herejes ni cismáticos, sino hermanos separados, entre los cuales pueden darse también "la fe, la esperanza, la caridad, la vida de la gracia y otros dones interiores del Espíritu Santo".

En la apertura de dicho concilio Vaticano II, el Papa Juan invocó al Espíritu Santo pidiéndole: "Renueva en estos días tus maravillas, a la manera de un nuevo Pentecostés".


SE ENCIENDE EL FUEGO


En la Universidad del Espíritu Santo de Duquesne, en Pittsburgh, USA, hay un grupo de cristianos inquietos. Son agentes de pastoral dentro de la misma Universidad, pero están desilusionados y un tanto desmoralizados, sobre todo, por la ineficacia e infecundidad de sus esfuerzos y trabajos. Entre estos jóvenes se habían realizado auténticos milagros con signos visibles de una presencia fuerte y viva del Espíritu Santo. Decidieron orar los unos por los otros diariamente la secuencia del Espíritu Santo: "Ven, Espíritu divino".

Los frutos del Espíritu se derramaron copiosamente: se sienten invadidos por una fuerza nueva; perciben un profundo sentimiento de paz; se regocijan con una alegría inexpresable; sienten la necesidad casi impulsiva de dar testimonio. Y lo que es más importante: experimentan en sus propias vidas la realidad poderosa y santa del Espíritu, que les lleva a descubrir a un Jesús vivo, resucitado, señor de todas las cosas. Perciben como un cambio cualitativo en su propio ser, cambio que se expresa también a través de varios dones carismáticos: don de lenguas, profecía, curaciones.

¿Qué está sucediendo? ¿Es esto un nuevo Pentecostés?


Pero no era un momento adecuado para pararse a teorizar lo que estaba pasando. Había que apurar la experiencia hasta el final. Programan pronto un retiro, que se hizo famoso, al cual asistió mucha gente nueva, y en el que de nuevo percibieron la presencia viva del Espíritu Santo.


La experiencia se extiende rápidamente como un fuego.

El Espíritu Santo no ha necesitado la influencia americana para "colonizar" espiritualmente al mundo.

Los designios de Dios son inescrutables. De todas formas es sorprendente que haya nacido en USA, pues las cosas de Dios suelen brotar en la debilidad, la pobreza y la impotencia. Sin embargo también en EE UU hay pobrezas. Desde el principio se trató de descalificar al movimiento pentecostal a causa, según decían, de su origen humilde en una iglesia negra. Tal vez era el sitio más pobre y por eso lo escogió. La Renovación no tuvo ni patria ni sitio en la posada. Nació en la Iglesia Metodista, pero fue expulsada de ella y de las demás iglesias protestantes. ¿Si hubiera nacido en la Iglesia Católica, la aceptaría todo el mundo? Hay muchos que consideran a esta iglesia demasiado poderosa, demasiado prepotente. Y hay que reconocer que en este tema nuestra Iglesia Católica ha alcanzado auténticas cotas de catolicidad y de aceptación de los demás.


Hablando de un tema semejante San Pedro dijo un día en casa de un pagano: "Verdaderamente Dios no hace acepción de personas, sino que el hombre que le teme, sea de la nación que sea, le es grato" (Hch. Todos sentimos la necesidad de una nueva evangelización, "con nuevos métodos, nuevas expresiones y nuevo ardor" pero, ¿quién es capaz de actuar algo concreto que cambie vidas, que haga descubrir a un Jesucristo vivo y poderoso y que llene nuestras actuaciones de carismas y de una acción poderosa del Espíritu?


La única planificación que puede haber, para que lo dicho suceda, es la oración en la que se clama por esos dones y esa venida del Espíritu. Y está ahí. Aquí no hay un fundador, ni se puede decir que sea un movimiento. No trata de reformar la oración, ni la liturgia, ni abrir cauces a la Palabra de Dios, ni está llamada a unos compromisos sociales concretos. Nadie dirige los pasos de la Renovación. La única referencia instintiva que hace el carismático es al Espíritu Santo. En la Renovación nunca hay nada terminado, porque el Señor es nuevo cada día.


3.- UNA REUNIÓN DE ORACIÓN


Los tres capítulos que siguen, como en general todo el libro, están escritos con un amor y atención especial a los que van dando sus primeros pasos en la Renovación carismática. Me refiero a esas personas que acaban de entrar y quieren enterarse no sólo de las ideas teológicas que la Renovación pone en juego, sino de la vida que hay en ella y la que puede comunicar. Todo lo que van a leer, pues, en estos capítulos, son historias reales que, por otra parte, expresan lo que gran parte de los carismáticos hemos experimentado también. Vengo por primera vez.


-Me llamo Marta, ¿sabes? Soy del grupo que llamamos aquí de acogida.

-¿Cómo te llamas?

-Llámame Paco.

Marta conduce a Paco hacia una sala amplia, donde se encuentra ya mucha gente reunida. Hay animación. -¿Por qué se abrazan y besan tanto? pregunta Paco. Desde el martes pasado, respondió Marta. Tenemos la reunión de oración todos los martes del año.


-Hay mucha convivencia, sugiere Marta, y eso engendra cariño. Además hay una experiencia de fe muy compartida.

Se esperan unas doscientas personas. Hay gente de todas las edades. Un grupo de jóvenes afinan sus guitarras. Paco lo observa todo, al parecer muy interesado. Además es catequista de confirmación en una parroquia y le atrae el tema de una experiencia viva del Espíritu Santo. -¿Todas estas personas forman parte de un mismo grupo de oración?

-Sí, respondió Marta. Somos un grupo o comunidad, que nos reunimos todos los martes, como te he dicho. Hay más grupos, no sé cuantos, pero muchos. Este nuestro se llama "Agua viva". El nuestro hace referencia al agua, como símbolo del Espíritu Santo, que da vida, renueva y hace crecer las plantas. ¿Me puedes explicar un poco?


-Hoy es una reunión de oración. La primera hora la dedicamos íntegramente a la oración de alabanza.


-No sé bien qué es eso, dijo Paco, pero bueno, continúa.

Es una forma de compartir la fe y la gracia de Dios que actúa en nuestras vidas. Algunos testimonios impactan mucho.

-¿En todos los grupos hacen lo mismo? inquirió Paco.

-No conozco muchos, respondió Marta. Claro que a veces hay grupos pequeñitos o de principiantes que, a lo mejor no tienen guitarras, o no hay nunca enseñanza porque no tienen quién las dé.


-Sólo otra pregunta, añadió Paco: ¿Quién dirige todo esto?

-Los grupos eligen, cada cierto tiempo, un equipo de personas encargadas de llevar adelante esta tarea. En la Renovación, sin embargo, no funcionan las cosas por democracia, sino por carismas.

* * *


Cada vez había más gente en la sala y las conversaciones subían de tono. A Paco esto le mosqueaba un poco. ¿Cómo es posible, se decía a sí mismo, que dentro de unos momentos esté esta gente en oración?. ¡No me explico cómo se pueda crear una presencia de Dios en esta marabunta! Queriendo salir de sí mismo, se dirige de nuevo a Marta: -¿Qué clase de gente suele venir aquí?

-Hay de todo, respondió Marta. En aquel grupo de señores hay un cura, un médico y un jubilado que si te descuidas te encaja una aventura de cuando estaba en el frente. Hay señoras de "sus labores" etc.


-¿Y esos que están en sillas de ruedas?

- En los grupos carismáticos, contestó Marta mirándole a la cara, siempre verás gente enferma, sencilla, pobre. Los mismos que rodeaban a Jesús. Donde hay gratuidad siempre encontrarás a los pobres.

-Según esto, ¿cómo preparan la oración?

-No olvides que se trata de una oración de alabanza y ésta para ser sincera ha de ser espontánea. Para la mayoría era como un amigo de toda la vida. De repente, una sombra de preocupación se manifestó en su cara: -¿Sabes Marta? Me está entrando un poco de miedo. Es todo muy sencillo, sonrió Marta con dulzura.


* * *


Y dio comienzo la oración. Paco no podía disimular. Sonaron algunas canciones semifestivas que fueron atrayendo la atención de la gente. Se levantó un señor como de unos 50 años. Era el encargado de dirigir la oración. Las palabras que salieron de sus labios eran de invitación. Jesús el Resucitado, continuó diciendo, el que vive para siempre está vivo en medio de nosotros. Él preside esta oración y, mediante su Espíritu, nos va a hacer saborear los bienes de arriba. Terminó su exhortación dirigiéndose personalmente al Señor con una oración espontánea: "Envíanos, Señor, tu Espíritu, que penetre en nuestros corazones. Danos tu presencia y que ésta, tu comunidad, prorrumpa en alabanzas".


En aquel momento vibraba el silencio. Sin previo aviso, suenan las guitarras, esta vez en plenitud de oración, y entonan una canción:"Espíritu Santo de Dios, ven sobre mí". Interioriza la canción. A Paco le impresiona la metamorfosis que se está obrando allí. ¿Qué artista genial se ha hecho presente en el alma de todas estas personas?


A Paco se le aflojaron los músculos. Ni siquiera Marta que también había entrado en oración con una enorme libertad. Cantaban con los ojos cerrados. Parecía que todos habían entrado en contacto interior con Jesús resucitado. Miró a Marta, y la encontró bella, interior, relajada. La paz de la asamblea prendió también en su alma. ¿Qué quiere decir cantar con júbilo? Darse cuenta de que no podemos expresar con palabras lo que siente el corazón. Y este modo de cantar es el más adecuado cuando se trata del Dios inefable. Porque, si es inefable, no puede ser traducido en palabras. La tradición cristiana ha visto, de esta forma, en el canto en lenguas, la forma suprema de la alabanza y la ha llamado "oración de júbilo" o "jubilatio". musitó Paco.


* * *


A Marta no le dio tiempo a acoger estas impresiones de Paco. Al lado de Paco un hombre gritaba con fuerza: "que te aplaudan los ríos y te aclamen los montes, Señor". Marta suavizó el entusiasmo con el que estaba orando, pues presentía que Paco estaba un poco perdido ante tanta intensidad:


-Esto que escuchas ahora se llama oración de aclamación, susurró al oído de Paco. Sin duda la gente le aclamaría.

-Es que ya está dentro, sentenció Marta.

-Sin duda que tiene que haber un secreto, aceptó Paco. O ustedes están locos o tiene que haber un secreto.


-¿Por qué no intentas entrar un poco en oración? Es la única forma de captar ese secreto, insinuó Marta haciendo ella un ademán de invitación.

Paco cerró los ojos e hizo un esfuerzo interior para conectar con algo. Pero no era el momento oportuno. La poca oración que había hecho en su vida fue siempre en situaciones de quietud y de silencio. Y aun así, apenas había logrado algo más que rezar, es decir, recitar una serie de oraciones con la intención de pedirle algo a Dios. Pero no tenía experiencia de una oración íntima, secreta, nacida del corazón. Más que con la oración había intentado acercarse a Dios siendo coherente y honrado, y ganándose la paz del alma con una dedicación y entrega a los demás. En la oración nunca había encontrado jugo. Algunas personas daban la impresión de estar en trance. La mayoría, sin embargo, gritaban con fuerza pero dentro de una gran sobriedad y equilibrio. Ninguna de estas formas de orar está fuera de la Palabra de Dios, aunque sean tan distintas de lo que estamos acostumbrados a oír en nuestras iglesias. La oración comunitaria actual es demasiado hierática, anodina y estereotipada. La falta de vibración en nuestras celebraciones no está ayudando mucho a la causa del evangelio.


En otros tiempos con más fe y menos complejos, no era así. El Espíritu se sentía menos bloqueado y podía hacer maravillas y crear auténticas celebraciones comunitarias. Cuando se tiene una experiencia viva y salvadora de Dios, la respuesta lógica es un grito de clamor y de alabanza: "Dichoso el pueblo que sabe aclamarte" (Sal.89,15). De nuevo: "Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo" (Sal. La gente estaba como a la escucha. Paco agradeció estos momentos de quietud. Sin embargo, la asamblea seguía viva. Jesús, el Resucitado, seguía derramando su energía, es decir, su Espíritu sobre todos los presentes. Era un estribillo: "Porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones, por el Espíritu Santo que nos ha sido dado". Lo repitieron varias veces con gran suavidad. Se notaba que el pueblo saboreaba estas palabras y las encontraba jugo.


-Porque esta canción en este momento está ungida, y la gente la saborea como un manjar.

Imagínate un picaporte que funciona mal, explicó Marta.


-¿Quieres decir que el Espíritu Santo ha puesto un poco de aceite en esta canción?


-Exactamente, asintió Marta. La unción es una experiencia sobrenatural. La perciben los que van ya entendiendo el lenguaje del Espíritu. La unción engendra todos los carismas. Si el Espíritu Santo pone un poco de aceite en las palabras de un predicador, te llegan ungidas y penetran muy hondo, como el aceite. Carismático en algún sentido significa ungido. Una oración, como ésta, es carismática cuando está ungida.


-La Iglesia desde siempre ha conocido este misterio, explicó Marta.

* * *


En aquel momento terminó la canción. Se percibía mucha unción en la asamblea. De repente una señora gorda y bien configurada se arrancó con voz fuerte en una plegaria personal. Paco se asustó un poco, pues la tal señora estaba inmediatamente detrás de él. "Señor, dijo la mujer, te doy gracias porque has estado toda la semana conmigo. Sólo tú y yo sabemos, Señor, lo que estoy sufriendo.


A Paco le llegó esta oración y otras varias que siguieron en un tono semejante. Se notaba que algunas personas pugnaban por meter su oración particular. Paco se relajó. En este tipo de oración se encontraba más a gusto.

-¿Y eso?

-Mira, las oraciones personales son importantes porque transmiten una acción genuina del Espíritu y la experiencia concreta de salvación en la historia de una persona y, como por un efecto de diapasón, de los demás, pero tal como se suceden hoy no me están gustando. No hacen comunidad.


-Porque tienen mucho de razón y mucho de sentimiento y en este terreno humano tú te sientes bien. Sin embargo, a mí hoy no me llegan ni con Espíritu ni con unción.

Marta tenía razón. Aunque haya muchas personas juntas orando, esto no quiere decir que siempre salga de ellas una oración comunitaria. Si hay muchas personas que lanzan su intervención desde sí mismas, sin tener en cuenta a los demás, habrá un sinnúmero de oraciones yuxtapuestas, pero no habrá oración de la comunidad.


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